El Ataque Cerebro Vascular, también llamado ACV, Accidente Cerebro Vascular, stroke, o ictus, se produce por la falta de llegada de sangre a una parte del Sistema Nervioso Central. Se clasifica en dos tipos: isquémico, cuando se produce la obstrucción de una arteria cerebral por medio de un coágulo con la consiguiente caída del flujo de sangre y lesión isquémica de un área cerebral; y hemorrágico, sucede al romperse una arteria del cerebro y producirse una hemorragia o hematoma.

¿Cuáles son las causas del ACV?

Enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial, las dislipemias (colesterol y triglicéridos aumentados), la obesidad, los trastornos del sueño, la depresión y el estrés, enfermedades odontológicas son factores de riesgo para padecer un ACV. El sedentarismo y el hábito de fumar son conductas que lo favorecen. El antecedente de un familiar directo que haya sufrido un ataque cerebral, también aumenta la probabilidad de sufrirlo.

¿Qué población está en riesgo?

El ACV se puede dar a cualquier edad. A mayor edad, más riesgo de sufrirlo.

La mayoría (61 por ciento) de las muertes por accidente cerebrovascular se producen en personas de 70 años o más. Los que tienen entre 50 y 69 años representan aproximadamente un tercio de las muertes, y los que tienen 49 años o menos representan colectivamente alrededor del 7 por ciento (fuente:https://ourworldindata.org/causes-of-death#stroke)”. En bebés generalmente los ACV están relacionados con problemas durante el embarazo o parto.

 

¿Cómo se puede prevenir?

Para prevenir el ACV, lo más importante siempre es la modificación de los factores de riesgo para padecer la enfermedad. Entre ellos y en orden de importancia: hipertensión arterial, diabetes, obesidad, tabaquismo, drogas y alcohol, sedentarismo, estrés, etc., (los mismos riesgos aplicables a enfermedad coronaria o cardiovascular).

Esto se consigue mejorando la alimentación, incluyendo de 3 a 5 porciones de frutas y/o verduras por día; realizando actividad física (al menos 2 horas por semana de actividad moderada o 75 minutos de ejercicio intenso), llevando una vida social activa, vacunándose contra la gripe, entre otras medidas.

Son medidas esenciales que necesitamos internalizar y hacer costumbre: no fumar, mantener el colesterol dentro de límites seguros, hacer chequeos médicos periódicos y controlar la presión arterial el déficit de magnesio, tratar adecuadamente los trastornos del colesterol, la diabetes o el síndrome metabólico -resistencia a la insulina-. También es recomendable  realizarse un examen médico y una ecografía de las arterias carótidas para obtener un diagnóstico precoz de posibles obstrucciones arterioescleróticas para poder corregirlas y prevenir con medicación las trombosis y embolias cerebrales.

La actividad física aumenta la fuerza, mejora la circulación, contribuye a prevenir y disminuir la hipertensión arterial, a quemar grasas que tapan las arterias, a llevar oxígeno necesario para todo el cuerpo, a generar endorfinas y bajar el stress. Usar las escaleras, jugar un deporte, andar en bicicleta, caminar hasta el trabajo, bailar son acciones cotidianas que hacen que nos movamos, que se pueden hacer en distintos lugares, sin costo en muchos casos y con grandes beneficios para la salud. Cuando compartimos esas actividades con otros, se potencia el efecto positivo.

 

¿Cómo actuar en el momento que sucede? ¿Cuáles son sus síntomas?

La aparición brusca de cualquiera de los siguientes síntomas requiere de una consulta médica urgente. La demora empeora el pronóstico. Mientras más temprano sea el tratamiento del ataque mayores serán las posibilidades de sobrevivir y menores las secuelas que se produzcan.

Síntomas de alarma (en caso que se presenten, se debe realizar una consulta médica inmediata):

·         Dificultad para coordinar o articular la palabra

·         Confusión mental

·         Dificultad para tragar la saliva (babeo)

·         Piernas o brazos adormecidos o con menos fuerza

·         Entumecimiento o adormecimiento de alguna parte de la cara

·         Dolor de cabeza muy intenso que no calma con analgésicos comunes

·         Trastornos parciales o totales de la visión

·         Dificultad para coordinar los movimientos

En bebés, la detección es por los síntomas relacionados al embarazo de riesgo, más el cuadro clínico neurológico del niño que muestre que no llora, que no mueve una parte del cuerp, etc. Y el diagnostico finalmente se comprueba con estudios de imágenes, tomografía cerebral o resonancia de encéfalo.

 

¿Cómo tratarlo?

En el momento:

Mediante la colocación del RTPA, un químico que alisa o rompe los coágulos que obstruyen las arterias, Para su administración, el paciente debe consultar rápidamente, dado que solo se cuenta con hasta 4 horas para dar este tratamiento, pues pasado ese tiempo se incrementa mucho el riesgo de sangrado cerebral y posterior. El mayor problema epidemiológico en el tratamiento del ACV isquémico, es justamente el tiempo que demora el paciente o el sistema de salud para la rápida consulta.

Por su parte, la trombectomía mecánica utiliza dispositivos de extracción mecánica de la obstrucción. Este procedimiento cuenta con la ventaja de que el tiempo  para actuar una vez producido el ACV se extiende a 24 horas y que, además, permite disminuir los riesgos por no utilizar fármacos que alteren la coagulación del paciente y faciliten sangrados.

El desafío desde la investigación en salud es siempre buscar alternativas terapéuticas para aumentar el tiempo en el cual es posible realizar un tratamiento efectivo, que haga disminuir las muertes y las secuelas de la enfermedad.

En caso de secuelas:

El ACV a cualquier edad suele dejar secuelas, a veces severas. Es importante saber que 1 de cada 3 personas que lo sufren presentan secuelas graves, que requieren de cuidados especiales y de la asistencia de terceros por el resto de sus vidas. El tratamiento del ACV en el período agudo requiere, indefectiblemente, hospitalización. Pero es muy importante que el paciente pueda ser externado lo más pronto como sus condiciones clínicas lo permitan. El mejor lugar para recuperarse y hacer la rehabilitación es la propia casa del enfermo, con sus cosas, junto a sus afectos.

La secuela más frecuente de un ACV es un déficit neurológico que afecta la mitad del cuerpo del lado contrario al que se produjo la lesión cerebral (hemiplejía) y la mitad de una parte de la cara del mismo lado de la lesión (parálisis facial). Pero, dependiendo de la región del Sistema Nervioso comprometido, las manifestaciones clínicas pueden ser variadas (alteraciones del equilibrio, trastornos para hablar o para tragar, trastornos visuales, pérdida de la memoria, deterioro cognitivo, etc.) 

El tratamiento de las secuelas debe ser intensivo y personalizado. Con los avances actuales es posible trasladar todo lo que el paciente necesite a su propio hogar. La Internación Domiciliaria es un recurso terapéutico de mucha utilidad para la recuperación de las funciones perdidas. Tiene múltiples ventajas y mejora la calidad de vida tanto del enfermo como de su familia.  Evita engorrosos traslados, cuida la economía familiar, fomenta la seguridad, el autocuidado y la independencia.

No seguir posteriormente un buen tratamiento eleva la probabilidad de morir antes de los 5 años de producido el ACV.

La neuroplastidad es la base de rehabilitación neurológica para mejorar a los pacientes. Un bebe tiene mucha neuroplasticidad y un anciano poca, pero sigue teniendo. Tiene más un jugador de tenis, por ejemplo, al poseer más conexiones cerebrales y más rápidas para ese fin.

La afasia es por ejemplo una secuela del ACV, y consiste en la imposibilidad de comunicarse a través del lenguaje verbal. De acuerdo a la región del Sistema Nervioso que resulte afectada, una persona puede tener distintos tipos de afasia, “afasia motora o de expresión” (la persona entiende perfectamente lo que se le está requiriendo pero es incapaz de emitir en forma de  palabras lo que está pensando; “afasia sensitiva o de comprensión” (no puede emitir una palabra u oración porque no comprende lo que se le está preguntando o requiriendo, es decir, está fallando la recepción sensitiva o está imposibilitado de construir una idea acorde a las circunstancias coyunturales);  “afasia mixta o sensitivo-motora”  (se da cuando el paciente no entiende y a su vez está imposibilitado motrizmente para expresar una idea).

En la  rehabilitación y recuperación de la afasia, como en el caso de otras secuelas de ACV, se recomienda la atención interdisciplinaria de profesionales de distintas áreas. En la misma participan, además de médicos clínicos y neurólogos, fonoaudiólogos,  logoterapeutas,  kinesiólogos, entre otros.

Es importante tener en cuenta que la persona siempre que no tenga un trastorno cognitivo asociado, conserva sus sentimientos, sus emociones, sus pensamientos. La imposibilidad de comunicarse como lo hacía previamente le significará una carga emocional muy negativa. Para ello, su entorno deberá acompañarlo, comprenderlo, ayudarlo a transitar esta fase,  esencial para su recuperación.

Cifras:

·         En Argentina ocurren 150.000 ACV al año y cerca de 80.000 muertes al año.

·         Un tercio de los pacientes con ACV mueren al momento del evento, otro tercio queda con secuelas graves (pasan a ser dependientes de terceros) y el tercio restante queda con secuelas leves (pueden trabajar).

·         Es la segunda causa de muerte en el mundo y la primera de discapacidad.

·         Es la primera causa de invalidez en los adultos mayores. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado en personas menores de 45 años.

 

·         Un 85% sufre de ACV isquémico (obstrucción de una arteria cerebral por medio de un coágulo con la consiguiente caída del flujo de sangre y lesión isquémica de un área cerebral), mientras que otro 15% de uno hemorrágico (ruptura de una arteria del cerebro, con hemorragia o hematoma).

 

·         Los ACV están entre las enfermedades no transmisibles (ENT), las cuales representan más del 70% de las muertes a escala global. Se estima que 5.5 millones de personas murieron de un derrame cerebral en 2016 (fuente: https://ourworldindata.org/about).

Por el Dr. Eduardo Silvestre (M.N. 57.969), Divulgador Científico de Medihome