En las rutas francesas secundarias baja la velocidad máxima permitida de 90 a 80 kilómetros por hora, a partir de julio de 2018. O sea, 10 km/h menos en las velocidades máximas en más de 400.000 km de carreteras rurales. Al anunciar la medida, el Primer Ministro francés Edouard Phililppe declaró: “ahorraremos 300-400 vidas al año”, y subrayó: “reducir el número de muertes por accidentes de tránsito es uno de los pilares de las políticas públicas”, frente a las protestas de las asociaciones de automovilistas y motociclistas, y también de algunos funcionarios.
     Tras meses de debate político continuo y votaciones en contra las autoridades tomaron esta decisión. “Una medida drástica, que es necesaria para remediar lo que hoy podría denominarse el estancamiento en la disminución de los niveles de mortalidad de camino”, explicó una de las voces a favor, Chantal Perrichon, Presidente de la Liga Contra la Inseguridad Vial.
     De esta manera, el mundo avanza en la reducción de la velocidad, como medida fundamental para salvar vidas en el tránsito.     
     En Argentina, Luchemos por La Vida envió -hace más de un año- a todos los legisladores, tanto nacionales como de la Ciudad de Buenos Aires y demás autoridades, una propuesta de modificación de la legislación vigente, para reducir las velocidades máximas, y contribuir al logro de un tránsito más seguro:
  • Reducir en 10km/h la velocidad máxima en autopistas, semi-autopistas y rutas
  • Reducir la velocidad máxima en las avenidas de 60km/h a 50km/h.
  • Reducir la velocidad máxima en las zonas residenciales a 30km/h.
  • Colocar controles electrónicos de velocidad en todas las autopistas, rutas y avenidas de alta circulación vehicular y/o peatonal.
  • Instalar reductores físicos de velocidad, construir chicanas, estrechamientos de calzada y calles sin salida en zonas residenciales y/ o con alta circulación de peatones que aseguren una baja efectiva de las velocidades.
El tema es impostergable: ¡disminuir la velocidad salva vidas!