Los seres humanos evaluamos nuestro entorno según la información que nos brindan nuestros sentidos. Toda la información sensorial nos llega en forma de estímulos físicos o químicos, que se transforman en impulsos nerviosos y son enviados al cerebro. Allí, esta información se decodifica y se transforma en respuestas que determinan nuestro comportamiento.

A diferencia de lo que sucede con los sentidos de la vista y la audición, muchas veces descuidamos el sentido del olfato. Pero este sentido es el que vigila y avisa acerca de todo lo que nos rodea; por lo tanto, tiene gran influencia en nuestra vida cotidiana.

Es así que hemos escuchado hablar de la contaminación visual y la contaminación sonora, pero poco sabemos sobre la contaminación odorífera. Esta impacta en nuestra salud y repercute en la calidad de vida, sobre todo de aquellas personas que viven cerca de lugares que emanan olores como curtiembres, industrias, sitios donde hay aguas en descomposición. basurales, plantas depuradoras y mataderos, entre otros.

Cuando olemos, ingresan partículas volátiles por nuestras fosas nasales. Estas partículas son sustancias químicas presentes en el medio ambiente. Una vez dentro de la nariz, llegan al epitelio olfatorio, que está situado en el techo de las fosas nasales. Allí se transforman en un impulso eléctrico que luego pasa por el nervio olfatorio y de allí al cerebro. Aquí es donde se interpretan los olores y se genera una respuesta, tanto a nivel del sistema nervioso central como del sistema nervioso periférico. A esta respuesta la nombramos con un adjetivo (olor rancio, olor frutal, etc.).

La percepción del olor es diferente en cada persona: la cantidad de olores, su concentración y el tiempo de exposición a ellos son los factores que marcan las diferencias.

Debemos diferenciar entre el umbral de olor, el umbral de percepción y el umbral de identificación.

El umbral de olor es la concentración de olor mínima perceptible por el olfato humano.

El umbral de percepción de un compuesto es la concentración mínima de ese compuesto detectable por el olfato humano, aunque no sea posible su identificación.

Por último, el umbral de identificación es la concentración mínima de un compuesto con la que es posible su identificación.

¿Cómo respondemos a los olores?

Los olores pueden ser agradables o desagradables. Resulta muy difícil ignorar un olor y, en general, desencadena un comportamiento: nos retiramos o actuamos frente a ellos. Nos retiramos si nos produce un efecto negativo: aquí nuestra conducta se modifica de manera inmediata.

Pero debemos recordar que vivimos en un mundo moderno superpoblado, por lo que esta primera opción tiene una aplicación muy limitada. En el caso de que la experiencia negativa se repita de manera constante, puede llegar a afectar nuestra calidad de vida.

La exposición a los malos olores constituye un tipo de contaminación ambiental.

La contaminación odorífera (los malos olores) impactan en la vida cotidiana, trae consecuencias sobre la salud y causa: · Aumento del estrés.

· Mareos.

· Alteraciones del sueño e insomnio.

· Irascibilidad.

· Cefaleas.

· Alteraciones psicológicas.

· Reacciones neurotóxicas, como alteraciones conductuales.

· Alteraciones cognitivas (pérdida de memoria).

· Aumento de la presión arterial.

· Alteraciones en la vía aérea superior y en la vía aérea inferior. En este último caso, hay una reducción del volumen de aire inhalado y contracción de la laringe y los bronquios.

Los malos olores no causan la muerte, pero la sumatoria de estas molestias se traducen en efectos negativos y, con el tiempo, dañan el sentido del olfato. Esto ocasiona trastornos importantes para las personas, que quedan limitadas a vivir sin olfato, a no poder evocar recuerdos (todos revivimos nuestra infancia cuando sentimos el olor de una comida que nos preparaban de niños) y, en algunos casos, sin el sentido del gusto (el olfato es el responsable del 80% del sabor que sentimos cuando comemos y bebemos).

Los malos olores también pueden estar en nuestro hogar, y en tal caso se necesitará de un buen aislamiento y encontrar la manera de combatirlos para evitar que nos afecten.

Algunas recomendaciones para combatir la contaminación odorífera en nuestro hogar son: · Revisar los filtros de campanas extractoras: sustituirlos o limpiarlos con frecuencia.

· Nunca tapar u obstaculizar las salidas a patios y ambientes externos.

· Evitar obstáculos en la ventilación de los ambientes.

· Las ventanas herméticas son muy efectivas, ya que ayudan a reducir la exposición a los olores y los agentes externos.

· Se recomienda el sellado de las ventanas e incluir un vidriado doble.

Es importante aclarar que el impacto de la contaminación odorífera puede ser muy diverso y muy grave en el ambiente laboral de personas que trabajan en fábricas (como destilerías y pinturerías), aeropuertos y lugares mal ventilados.

Según la Organización Mundial de la Salud, un mal efecto en la salud es cualquier experiencia que provoque malestar a nivel físico, emocional o mental. No es sano ni agradable vivir respirando, en forma continua, un aire de mala calidad. La contaminación odorífera es, por lo tanto, un problema ambiental. Estamos frente a una verdadera problemática y muy grave, sobre la que aún no hay plena conciencia. Esto nos obliga a instrumentar algún tipo de regulación y control sobre los olores.

Dra. Stella Cuevas MN: 81701 Otorrinolaringóloga experta en olfato – Alergista Presidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (AOCBA)

 

Fuente: clarin.com